JuanMa Pérez


1, 2, 3, 4, 5, 6…
… y empieza a llover. Estaba previsto que lo hiciera, pero no justamente a escasos minutos de dar la salida y durante la primera hora de la ruta. Desde luego no fue la manera ideal de empezar y ya desde el principio quedó claro que me enfrentaba a desafíos, quizás demasiados, que no había previsto o que no podía controlar. Y precisamente ese era uno de los aspectos que más nervioso me ponía en los días previos al comienzo de la #kromvojoj.
Por mi forma de ser bastante sistemática (tarazo propio de programador de manual), me gusta tener las cosas bajo control. Algo, claro está, completamente imposible en un evento de este tipo en el que entran en juego un número enorme de variables.
Personas cercanas me preguntaron si había entrenado lo suficiente y yo respondía siempre que sí, pero que para este tipo de eventos era difícil saberlo. Obviamente estaba completamente equivocado, dada mi nula experiencia, claro. No había entrenado lo suficiente y, lo más importante, no había practicado cosas tan básicas como rodar con lluvia, salir una noche entera o hacer pruebas de todo el material. Debido también a mi visión optimista de las cosas (y un pelín inconsciente quizás), confiaba que todo saldría bien. Y así fue.
Y salió bien porque el cuerpo y la mente humana es capaz de mucho más de lo que creemos. Y no hace falta tenerlo todo tan previsto, porque con un poco de buena suerte y principalmente con actitud, todo sale y todo pasa.

“… 23, 24, 25, 26, 27…”
Antes del inicio la Kromvojoj solo había pasado una noche entera sin dormir haciendo deporte. De eso hace ya unos 10 años y fue haciendo una ultra-trail en Madeira y ya por entonces usaba una técnica que sigo utilizando cuando hago tiradas largas, ahora en bicicleta. Hay quien se coloca auriculares y escucha música motivadora o incluso podcasts, pero aparte de ser ilegal cuando vas circulando, es algo que a mí me distrae. Prefiero escuchar la naturaleza, la nada o incluso el ruido de las ciudades o los coches. No siempre es lo más agradable, pero creo que es algo que debe formar parte de la experiencia.
En mi caso, y para los momentos más monótonos empiezo a contar mentalmente. Del 1 y al 100 y vuelvo a empezar. Es como un mantra que me ayuda a estar concentrado y que no me desconecta demasiado. Durante la Kromvojoj 2023 y sus 1.287km (lástima de la neutralización del Port de la Bonaigua… ¡con las ganas que tenía yo de subirlo!) me ha dado tiempo a contar muchas veces.

“… 56, 57, 58, 59…”
Ya antes de empezar me parecía muy acertada la frase de “Una ruta, muchos caminos”. Que una persona que se enfrenta a un reto de este calibre lo haga con un objetivo diferente al de otra es algo bastante lógico y también es lo que lo hace grande. No hay más que ver las diferentes formas de plantear la ruta, la estrategia, planificar las paradas o las horas de sueño de cada participante. Es precisamente esa toma de decisiones a lo largo de los días, lo que hace que te vayas encontrado y separando continuamente, lo que le suma a la parte deportiva una parte de contacto humano que no se suele dar en otras disciplinas.
En mi caso y una vez digerida la experiencia, además, creo que se puede expandir la idea de los “muchos caminos” a que dentro del propio, del camino “elegido”, he experimentado varios sub-caminos vitales. Porque lo que ha marcado la diferencia y determinado “mis caminos”, ha sido el factor humano. Y aunque no era la idea inicial y no seguía estrictamente las reglas del juego, digamos que he podido tocar todos los palos: los primeros días rodé mayoritariamente en grupo, los siguientes en dúo y los últimos en solitario.
Fui muy afortunado de poder rodar en compañía gran parte de la fría y complicada primera noche, luchar contra la tramontana y afrontar algunos puertos del Pirineo, más aún cuando acostumbro a entrenar casi siempre solo.
También fue un privilegio poder compartir la experiencia en modo “mano a mano” con muchas risas, miserias ciclistas varias, largos silencios y buena charla.
Y devorar kilómetros solo, contando hasta 100, escuchándome, tomando decisiones, sintiéndome capaz y capataz, gestionar la logística y solucionar los problemas técnicos, capear los miedos y controlar las emociones fue realmente necesario y muy enriquecedor.
Ahora creo que se podría añadir una línea nueva que fuera “Una ruta, muchos amigos”.

“… 70, 71, 72…”
Entre que nunca he sido demasiado competitivo y dada mi corta trayectoria encima de la bici estaba claro que no podía salir a por todas porque el petardazo podría ser antológico. Esa no era mi guerra ni mucho menos. Quería probarme física y mentalmente, disfrutar de la ruta que ya de por sí me motivaba mucho (¡menudo país tenemos para ir en bici!) y ver de qué se trataba esto del ultraciclismo y la autosuficiencia. Y la verdad es que he quedado muy satisfecho de la experiencia, mucho.
Siempre me ha gustado probar deportes, y he practicado varios sin llegar a profundizar demasiado en ninguno. De todos ellos conocía sus retos tanto físicos como mentales y los he tratado de disfrutar al 100%, no como un robot-en-busca-solo-de-resultados y sí más bien como «una persona consciente más allá de lo estrictamente deportivo”.
Y aunque seguramente no vuelva a hacer una prueba tan larga porque el sacrificio en tiempo para entrenar ha sido considerable (y eso que fue poco, visto lo visto) y me ha quitado tiempo para hacer otras cosas y practicar otros deportes, me quedo con la experiencia y con ganas de seguir dándole a los pedales. Sobre todo por “lo social” del asunto. Y a pesar de ser un deporte individual esto del ciclismo, gracias a la Kromvojoj, tanto por las horas que he dedicado a entrenar como durante la prueba e incluso durante la “finishers party”, me he dado cuenta que lo que más me gusta es tomármelo como si fuera un deporte en grupo. Principalmente por el contacto con los otros participantes, los compañer@s de entrenamiento, los organizadores o los voluntarios, amigos y cualquiera que de una forma u otra se ha cruzado en esta aventura llamada Kromvojoj.
Querría agradecer de forma muy especial a «la meva Nina» por el apoyo incondicional. Sin ella este fregao no hubiera sido posible.
Muchas, muchas gracias a todos y a todas.

… 99, 100 y ¡vuelta a empezar!”

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