Aina Vila


Es difícil explicar con palabras qué significa la Kromvojoj si no se ha vivido desde dentro. Personalmente no tenía más objetivos ni expectativas que disfrutar de cada golpe de pedal y cada paisaje que nos pudiera regalar el recorrido. Me gusta pasar horas pedaleando sin preocupaciones o interrupciones. Me gusta sentirme y conocerme más en este tipo de pruebas. Y así ha sido, la Kromvojoj ha representado un viaje conmigo misma donde, como en la vida misma, he podido vivir momentos a tope y otros más difíciles, pero que siempre se aprende a sobrellevarlos y salir más fuerte de ellos.

Tal vez, si tuviera que destacar alguna cosa por encima de todo sería el compañerismo y la amistad tanto con la organización como con los participantes. Es increíble sentirse como una persona con nombre y apellido, desde el primero al último, y no un número escondido detrás de un dorsal y, a su vez, vivir la carrera de sus compañeros hasta el punto de alegrarse como si fuera una misma, o incluso más, de su llegada a meta.

Pero todo ello tampoco tendría sentido sin iniciativas como Sponsoreco, donde acercan este tipo de eventos a personas terrenales con las que fácilmente cada una podría identificarse y donde no se entiende de colores, estéticas o creencias. Ver que, al fin y al cabo, todos somos ciclistas con ganas de pasarlo bien y disfrutar brinda la oportunidad a quienes dudan o piensan que no serán capaces a romper la barrera y apuntarse a vivir una aventura que, sin ninguna duda, dejará huella.


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