Paula Soler


¿Por qué hacer ultra?

Hace poco me hicieron esa pregunta y lo primero que vino a mi cabeza fue el recuerdo del momento en el que llegué a Reus después de terminar la Kromvojoj.

Mi camino en el mundo de la ultradistancia no ha sido el más “fácil y algunos malos ratos me ha hecho preguntarme más de una vez si en realidad es lo que quiero. Unas cuantas veces he tenido que retirarme de las carreras y enfrentar la frustración. Y aunque suene contradictorio, es precisamente esa frustración la que me ha llevado a querer levantarme una y otra vez y es la que hoy me hace sentirme más segura, orgullosa y fuerte.

Para mí, el 2023 fue un año de desafíos mentales donde me cuestioné si realmente quería seguir compitiendo y como si fuera una señal, llegó Sponsoreco de Kromvojoj. Una iniciativa en búsqueda de más diversidad en su “líneas de salida”, donde además de cubrir los gastos de la inscripción, los sponsors nos dieron material clave para poder enfrentar los 1348 km que teníamos por delante.

“Cataluña en 5 días”

La tarde del 11 de mayo a las 20 horas sonó la campana y partimos 70 personas para enfrentar kilómetros, miedos, demonios, montañas y a nosotros mismos.

Pasar la primera noche pedaleando me hacía mucha ilusión, me recordaba las primeras veces en Colombia haciendo “le mans” (rutas de más de 300 kms en 24 horas) con mis amigos, unos años atrás.

Me puse como primer objetivo llegar al Cp1 (410 kms) sin dormir y disfrutando del camino e intentaba mirar solamente la línea del track sin preocuparme por la hora o el desnivel. Llevaba un buen ritmo, sentía mi cuerpo y mi cabeza “a tope”.

En la frontera entre España y Francia marqué el primer sello, había ganado la primera batalla y estaba lista para enfrentarme a los Pirineos franceses.

En el tramo entre Cp1 al Cp2 (820 kms) las montañas se hacían sentir.

“Nadie dijo que iba a ser fácil”…

3 horas de sueño en un paradero de bus habían sido más que suficientes para recargar fuerzas, estaba lista para otra jornada intensa de ultra. Me despedí del azul del cielo y ahora las nubes eran las protagonistas, que sutilmente me advertían que pronto llegaría la lluvia.

Las primeras gotas acariciaban mi cara y mientras me protegía del frío, me tomé unos segundos para agradecer por el agua que bajaba por las montañas, genuinamente estaba disfrutando ver y vivir “el afuera” en todo su esplendor. No quería permitirme caer en lugares oscuros por las condiciones climáticas, tenía todo para enfrentarlas y mantener mi espíritu en pie.

Justo después del Cp2, con 3 días de poco sueño y con casi 900 kms recorridos empezaban las alusiones, podía reconocerlas y me creía capaz de manejarlas. En el Pont de la Suert, un pequeño pueblito, paré por un café y comida, mi idea era seguir unos cuantos kilómetros más. En el momento en el entré al bar sentí unas cuantas miradas extrañadas con mi presencia, me miré en el espejo del baño y en el reflejo vi mi ojos inyectados en sangre, la mirada perdida… en ese momento supe que era hora de parar y descansar.

Después de 7 horas de sueño, un par de duchas y todas las baterías cargadas volvía a tener mis pensamientos claros y la mirada en mi próxima meta: el Cp3. Mi estrategía de ir de punto A a B estaba funcionando, toda mi energía estaba concentrada en pedalear, comer y mantenerte siempre hidratada, mientras me dejaba deslumbrar por la inmensidad del mundo que me rodea.

Con una sonrisa en mi cara intentaba entender qué día era y fue ahí donde pude comprender la magia de la relatividad del tiempo y el espacio. -Como artista, siento que es una fortuna entender la plasticidad de la existencia y tener la oportunidad de transitarla-

Me quedaban unas 8 horas más desde el Cp3 hasta Reus, los últimos kilómetros de un viaje de aprendizaje donde tras cada kilómetro, me agradecía por no haberme rendido, por seguir intentándolo y por confiar en el camino.

Por fin la línea de llegada apareció y con ella se desvanecían las dudas, el miedo y los malos ratos… lo había logrado como yo quería, habían sido 5 días de mirar al pasado y saber que había trabajado muy duro para llegar ahí, que nada había sido gratis.

Hace poco volví a pasar en bici por un tramo de la Kromvo, también era de día y hacía calor … casi las mismas condiciones climáticas pero lo sentí diferente … la distancia era más corta y el camino más amable. La montaña y yo ya no éramos las mismas… de eso se trata.

Hago ultras porque me recuerdan que soy un ser humano transitando el mundo y aprendiendo a vivir, que los errores y las caídas son parte del camino y me hacen cada vez más fuerte. Hago ultras porque me hacen consciente de la fragilidad de la vida, porque despiertan en mí las ganas de descubrir nuevos límites. Hago ultras porque me permiten explorar el mundo exterior y me dan el espacio para conocer un poco más mi mundo interno, hago ultras porque me conectan con el sentimiento inefable de existir.

“El mundo tiene la capacidad de cuidarme y me muevo tranquilamente siendo amiga de lo que me rodea”

No me queda más que agradecer a todo el equipo de Kromvojoj, porque más que un evento o una carrera, significó el inicio de un hermoso momento de mi vida abrazada de seres humanos increíbles.


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