Silvia Molinero


Sin duda una experiencia, que guardaré para siempre en mi corazón ❤️

Desde hace tiempo, resonaba en mí la idea de participar en una prueba de Ultra- Distancia, entendiéndola como una aventura, como una forma de descubrir nuevos lugares y personas… como una manera de encontrar mis límites, entenderlos, aceptarlos y respetarlos.

En aquel momento, toda la información que me llegaba sobre estas pruebas, poco me hacía pensar que yo, podría encajar ahí. Para ser sinceros, ni soy una gran escaladora ni me caracteriza mi velocidad al rodar.

Creo, que lo que más puede ayudar e inspirar a otros, es precisamente quitarle el protagonismo a lo superfluo, a esa idea perfecta, que poco suma y muchas veces asusta.

Y esta prueba a través de Sponsoreco, está haciendo un gran trabajo en este aspecto para fomentar la diversidad y la inclusión en el ciclismo de larga distancia.

Siempre estaré enormemente agradecida a todo el equipo por crear este espacio, por creer en mí y bajar el volumen a todos mis miedos.

Ahora si, la decisión estaba tomada, sería parte de esta aventura.

Aunque también sabía, que preparar una prueba de ultra distancia era disciplina, constancia, compromiso, mucho dolor de piernas y cansancio.

Pero a la vez ha sido autoconocimiento, reflexión, felicidad, orgullo, satisfacción… Tiempo de volver a descubrir y pedalear lugares de mi provincia que tenía olvidados, de largas rutas con buenas compañías y nuevos lugares y amistades.

Durante todo este proceso de preparación, también viví momentos de incertidumbre, de miedo y falta de confianza, pero hay estaban siempre ellos, mi familia, mis amigos, el equipo de Kromvojoj y Laura (mi entrenadora) para demostrarme que todo lo entrenado tenía sentido, para enseñarme a confiar y entender que estaba preparada para lo que venía.

Y ese 11 de Mayo allí estaba yo, con mi bicicleta cargada y toda la ilusión para enfrentarme a este reto.

20 horas, era el momento… se apreciaba la ilusión , las ganas de rodar, de devorar kilómetros… un ritmo demasiado alto en el primer grupo, del que pronto me descolgué, enseguida empezaron a sonar en mi cabeza todos esos pensamientos negativos, que supongo, todos de una u otra manera tenemos.

De repente, apareció Ricardo, fue como un angelito caído del cielo en esos momentos, agradecí su presencia y rodar a su lado toda la noche.

Llegué al CP 1 y me dejé caer a Banyuls-Sur-Mer, eran las 20 h y tras 24 horas pedaleando, decidí que era el lugar donde parar, cenar, tomar una ducha y descansar, para enfrentar al día siguiente la parte más dura de la prueba.

Al entrar allí, me di cuenta que la mayoría de la gente había tomado la misma decisión.

Entonces, respiré… puede que llegasen antes que yo, que hayan rodado más rápido, pero ahí estábamos todos, riéndonos, comiendo pizza y contando nuestras aventuras.

Esto es lo bonito de éstas pruebas, ver que cada uno de nosotros llegamos con nuestras historias individuales, conocer cada una de ellas y contar la nuestra. Sentir el compañerismo y verte arropado, desde el primero de los participantes, hasta el último.

El día siguiente fue una delicia paisajística, las grandes ascensiones pirenaicas, sus montañas y pueblos  solitarios y con pocos servicios, algo a tener en cuenta si no quieres terminar durmiendo bajo las estrellas y desayunando uno de los geles que guardas para posibles emergencias) siempre son un regalo para todos los sentidos.

La lluvia y la niebla tomaron protagonismo los días siguientes, decidí salir a rodar con la esperanza que fuese una tormenta pasajera… no fue así, pero encontrar una “Boulangerie” siempre te saca una sonrisa después de un café y croissant calentito.

Y así transcurrió el resto de la mañana, entre lluvia, niebla y paradas a tomar café y caldo calentito.

Al llegar a Puigcerda, el día cambió y apareció por fin el sol, decidí aprovecharlo y comenzar a pedalear por uno de los sitios más espectaculares de todo el recorrido, el parque Natural Del Cardí-Moixeró.

Encadenar todos esos puertos, decidir dormir en el Albergue de Tuixent, la amabilidad de su propietario, su respeto al no agobiarme con todas esas preguntas que le rondaban por la cabeza, al ver a una chica sola con su bici cargada…

Hasta que se dio cuenta que mi hambre por saber de ese lugar era más grande que el hambre que tenía de comerme ese plato de espaguetis que me había preparado.

En ese momento comenzó una agradable conversación de viajes en bici, esquí de montaña, de la vida en ese lugar…

Esos momentos, junto con los últimos 20 km de la prueba que los pedalee con mi hermano, otro participante al que aún le quedaron ganas de acompañarme, porque sabía lo que significaba para mí y porque sabía la ilusión que me hacía verle y poder terminar esa aventura a su lado, son los recuerdos que guardaré para siempre.

Fue en Meta, sentados con el equipo de Kromvojoj cuando Tomás dijo “se nos olvidó decir en el briefing de bienvenida, que no os olvidéis de parar y mirar hacia atrás”.

Lo dijo en el momento que yo recordé verle, una carretera infernal de subida dije yo, de la que él me enseñó una foto con las vistas que tenía por detrás, una perspectiva muy diferente a la que yo recordaba.

Así que … dejemos de ir como caballos desbocados mirando hacia delante y queriendo llegar.

¡Que importante es pararnos y apreciar el camino!


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