María Ruiz


Participar en una prueba de ultradistancia como Kromvojoj ha significado superar mucho más que kilómetros. Fue un viaje hacia dentro, un reto que me llevó a romper las temidas barreras mentales que aparecen en este tipo de desafíos. En el camino reafirmé la confianza en mí misma, aprendí a gestionar las adversidades, a ordenar las horas y los descansos, a navegar y también a convivir con el silencio. Descubrí la importancia de abstraerme del dolor, de alejar los malos pensamientos y de encontrar fuerza en lo más sencillo. Al final, volví con la certeza de haberme hecho mentalmente más fuerte que nunca.

Pero lo que realmente convirtió la experiencia en algo inolvidable fue compartirla. Vivir intensamente esta aventura con otros participantes hizo de Kromvojoj una de las mejores experiencias de mi vida. La comunidad que se genera en torno al evento nos hace sentir únicos, nos da voz y nos permite contar nuestras propias historias dentro de un mismo viaje compartido.

Además, tuve la fortuna de participar gracias al programa Sponsoreco, que me acompañó desde la preparación. Contar con guía, consejos y apoyo en el proceso previo marcó una gran diferencia, sobre todo para quienes nos enfrentamos por primera vez a este tipo de retos. Ese acompañamiento fue un pilar clave en mi recorrido.

Iniciativas como Sponsoreco son esenciales para acercar el ultraciclismo a más personas, para abrir la puerta a quienes desean empezar y dar visibilidad a historias reales llenas de ilusión y afán de superación. Porque el ultraciclismo no es solo para unos pocos: es un espacio donde muchas otras historias pueden reflejarse, experiencias que transforman algo en tu interior y que se quedan contigo para toda la vida.


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